Mi abuela la Maestra Rebelde

alfabetizacionMi abuela Ofelia tenía 16 años cuando estalló la Batalla de Guisa. No era una guajirita* pobre, sus padres eran, don Manuel Medina, un hacendado español, y doña Dolores Álvarez, una criollita cubana. Ellos eran dueños de una finca enorme en un pueblito de campo enclavado en la Sierra Maestra, al suroriente de Cuba.

A pesar de no tener más de 500 kilómetros, en Guisa se grabó parte valiosa de la historia de Cuba. Desde la independencia, cuando el mayor general Calixto García se batió a machete limpio en la última batalla de la Guerra de 1895, hasta los alzamientos campesinos contra los desalojos de la policía rural el 34. Allí dicen, se fundó el Partido Socialista Popular y el 20 de noviembre del 1958, 200 solados del Ejército Rebelde dirigidos por Fidel gatillaban una de las batallas más significativas de lucha guerrillera.

Mi abuela y su familia apoyaban a los revolucionarios. Por las noches, a un volumen casi inaudible ponían Radio Rebelde que iniciaba sus transmisiones anunciando:

-¡¡¡Aquí Radio Rebelde, transmitiendo desde las montañas de la Sierra Maestra, primer territorio libre de Cuba!!!

Según mi abuela, ellos decían la verdad de lo que pasaba, pues la prensa cubana de aquella época, todos los días anunciaba que a los “alzados” estaban a punto de ser aplastados por el Ejército “Constitucional” de Cuba, las fuerzas regulares de la dictadura batistiana. En Radio Rebelde informaban de heridos y los combates registrados.

Mi bisabuelo Manuel, en ese contexto, seguía administrando sus tierras, pero en las bodegas del pueblito, muy cautelosamente, insinuaba su apoyo a la lucha insurrecta.

La madrugada del 20 de noviembre de 1958, mientras Ofelita dormía, 22 hombres y la escuadra de mujeres del pelotón Mariana Grajales, al mando del capitán Braulio Coroneaux (Coronú), se posicionan el la loma del Martillo y abrieron fuego a las 8:30am contra el cuartel de Guisa de la Guardia Rural. Mi abuela y su hermanos, todos unos vejigos**, corrieron donde sus padres que se apresuraron a cuidarlos.

La maestra rebelde
La Batalla de Guisa duró diez días. Ofelia cuenta que durante ese tiempo, cada vez que se silenciaba la metralla del capitán Coroneaux, la Guardia Rural montaba una operativo para tomar cuidadosamente la loma donde estaba el rebelde y sus soldados. Pero poco antes de que la patrulla tomara por asalto el Martillo, los guajiros del pueblo gritaban “¡¡¡Suénala Coronú!!!” y comenzaba un tiroteo incesante. Coroneaux le había prometido al comandante Fidel cumplir la orden de que por esa loma ¡No pasaran!

El capitan Braulio Coroneaux y su famosa metralleta
El capitan Braulio Coroneaux y su famosa metralleta

A pesar de la valentía del capitán y los suyos, el 27 de noviembre, un tanque Sherman impactó la trinchera de Coroneaux, provocando la baja de tres guerrilleras y la muerte del capitán y dos de sus hombres.

La Batalla de Guisa se intensificó al punto de que una tarde, mientras los Medina almorzaban, un avión del ejército batistiano interrumpió la sopa que bebían, abriendo fuego de metralla contra su finca. Mi abuela supone que fue un vecino quien delató a la familia y su actitud “colaboracionista” con los rebeldes.

Ni cerraron la puerta. Toda la familia salió corriendo por el pueblo en busca de un refugió. A la hermana de mi abuela, Margó (que tenía 12 años), le impactaron esquirlas en las piernas y comenzó a sangrar. Pudieron llegar todos a una bodega en medio del pánico y tratando de evitar que se desangrara la pequeña.

Por la noche el estruendo cesó y llegó un rebelde al pueblo, harapiento, con una barba tupida y collares de changó a preguntar quién era el dueño de la finca y si lo podía acompañar. El papá de mi abuela salió con el soldado rebelde y volvió a los pocos minutos con lágrimas en el rostro.

-Me vinieron a avisar que la casa estaba abierta -comentó mi bisabuelo-, cuando entré no habían tomado ni un pan y eso que se ven muy hambrientos, son gente muy buena.

El soldado les informó a los estaban en la bodega que esa noche vendría su jefe Fidel Castro a hablar con ellos. Mi abuela automáticamente se emocionó, pues después de tantos años, aquel “demonio” del que hablaba toda Cuba, estaría allí de verdad.

Mi abuela me cuenta que cuando lo vio, tuvo que alzar la cabeza para hallar entre las nuevas a hombre muy alto que apareció como una ángel entre los guajiros. Todos corrieron a abrazarlo como si aquel barbón fuera el primer Beatles que existió en la historia. Mi abuela abrazo al gigante con mucha fuerza y el gigante posó su mano sobre la espalda de ella. Se sentó y sacó una libreta pequeña, hizo unas preguntas y empezó a anotar:

-¿Tienen escuelas? ¿Cuál es el hospital más cercanos? ¿Qué problemas hay en Guisa? -anotó todo, o sea, todo lo malo, porque en Guisa no había nada.

Luego preguntó quién sabía leer y entre tanto guajiro invisibilizado en esa manigua, casi nadie alzó el brazo. En ese lugar sólo algunos Medinas sabían leer, entre ellos Ofelia. Fidel le dijo a mi abuela que si quería ser maestra y ella afirmó sin pensarlo y sin ni esperar si quiera la aprobación de sus padres. Inmediatamente Fidel llamó a un rebelde y le dijo algo en el oído. Le trajeron a mi abuela un brazalete que decía Maestra Rebelde y le pasaron unos cuadernos.

A los pocos días, con la ayuda del Ejército Rebelde y ya con el pueblo liberado, se montó la primera escuela de Guisa, que tenía como profesora a la pequeña Ofelia. Fidel les había dicho que no había que esperar a que la Revolución triunfara para ponerse a trabajar por ella.

Elam Manuel Menéndez, uno de los alfabetizadores más jóvenes de la Campaña de Alfabetización.
Elam Manuel Menéndez, uno de los alfabetizadores más jóvenes de la Campaña de Alfabetización.

Pasó el tiempo y mi abuela se enamoró de un guerrillero miembro de la columna dirigida por el Che, Bayaminto (mi abuelo). Luego del triunfo de la Revolución, en enero del 1959, ya mi abuela no sería la misma niña de siempre. A pesar de que a su padre le habían expropiado parte de sus tierras para entregársela a los campesinos que la trabajaban, el amor de ella por la Revolución se mantuvo firme. Ofelia ya no fue una sola maestra que con un brazalete y una tiza enseñaba a un par de guajiros a leer y a escribir. Desde entonces mi abuela se convertiría en un mar de niños que partieron a las sierras, a las montañas y ciudades para convertir a Cuba -en diciembre de 1961-, en el primer territorio de América libre de analfabetismo.

Mauricio Leandro

* Guajiro: Campesino cubano.

** Vejigo: Es la forma como en el campo llaman a los niños.

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