Corvalán, Volodia y Cía.

Los comunistas(Fragmento del Capítulo III del libro “La cueva del senado y los 45 senadores” de Eugenio Lira Massi sobre los senadores comunistas durante el período 1965-1973)

A los senadores hay que tratarlos en conjunto, porque son todos más o menos iguales. Es un disciplinado batallón marxista-leninista que entra en el hemiciclo con mucho más respeto que si entrara a misa. Respetuosos de los reglamentos, jamás interrumpen a un orador con frases hirientes o meten bulla durante las sesiones.  Son tan respetuosos que nunca dejan de tratar de “honorables” a un colega aunque sea para decirle que es un carajo. Si los partidos tuvieran que uniformar a sus parlamentarios, los comunistas usarían de color gris, y si el Senado fuera un colegio de curas, se sacarían todos los premios de buena conducta.

Naturalmente que el jefe de la bancada comunista es el Secretario General de Partido, Luis Corvalán, pero hace lo humanamente posible para que no se note. Lo ayuda bastante la estatura y pese a ser un político antiguo, de lucha, que incluso ha estado relegado y sufrió flagelaciones y encarcelamientos, ha logrado tener menos brillo que un zapato de gamuza.

Quizás si lo más destacado en Coravalán es su esfuerzo por cambiar el acartonado lenguaje comunista. En su afán por hacerlo más al alcance de las mentes proletarias, en todos sus discursos, cada cuatro o cinco carillas mete un dicho de moda o una frase vulgar. El resultado es deplorable. Por ejemplo, dice más o menos así: “Los sectores más reaccionarios de la política nacional están tratando por todos los medios a su alcance de quebrar el Movimiento Popular y aniquilar a los partidos marxistas. Nosotros les contestamos… ¡Naranjas!”

O bien: “La oligarquía criolla ha querido encontrar en la última declaración del Comité Central un desviamiento de la doctrina marxista. ¡Como nó pus Lucho!”

En las concentraciones, los comunistas que son muy disciplinados se ríen una barbaridad y lo encuentran de lo más ocurrente al compañero Secretario General, pero la verdad es que todas esas expresiones le salen muy falsas. En cambio resulta auténtico escucharlo decir que “las condiciones no están dadas”, que “la mentira tiene piernas cortas”, que fulano “enarbola las banderas piratas del anticomunismo”, que mengano “chapotea en el charco de la reacción” y que tal o cual partido desea “subirse” a determinado carro.

Tan iguales son para todos los comunistas que hasta tienen dos senadores con el mismo apellido y que no son ni primos: los Contreras. Nunca he logrado identificar bien cuál es cual. Solamente sé que uno se llama Carlos y otro se llama Víctor. Que uno es experto en economía y que otro (o a lo mejor el mismo), hace poco se quebró una pierna. Extraño caso el de los Contreras. Solamente los que tienen el carnet de militante al día con las estampillas reglamentarias pueden distinguir, sin estar mirando, cuál es la voz de don Carlos y cuál la de don Víctor. Un verdadero problema.

Esto me recuerda unos mellizos que jugaban por la Selección Ecuatoriana de fútbol. Los dos eran exactamente iguales, con una diferencia: uno era malo y el otro era bueno. Como ocurre siempre, el bueno era como tonto para pegar puntapiés e insultar a los árbitros y generalmente terminaban por expulsarlo. En ese tiempo los jugadores no usaban número en las camisetas de manera que tan pronto el señor pito ordenaba abandonar el campo los otro nueve jugadores corrían, rodeaban a los mellizos, los revolvían y se iba expulsado el malo.

Si en el Senado ocurrieran cosas semejantes, los comunistas podrían hacer lo mismo con los Contreras aunque no sé cual de los dos es el malo. Para mí que ambos son más buenos que el pan. Porque los comunistas son así, ya lo dije.

Por eso yo no puedo entender a quienes les tienen mala voluntad y viven pelándolos y poniéndoles sobrenombres o haciendo mofa de su disciplina partidaria. Les dicen “los cabeza de piedra”, aseguran que cuando llueve en Moscú salen con paraguas en Santiago. Ni las damas se escapan de la maledicencia.

Es efectivo que la señora Julieta Campusano es muy seria y jamás se ríe. Es efectivo que usa generalmente trajes sastre de corte más bien varonil. Pero, decir que va al Comité Central para que le pongan el moño, me parece una canallada. Jamás diría yo una cosa semejante de una dama respetable, que la sé esposa ejemplar y madre cariñosa.

Volodia Teitelboim es otra cosa. Es una individualidad. No parece comunista. Parece más bien un durazno blanquillo con el cuesco marxista. Por sobre todo es un escritor y más que un escritor es un poeta. Quizás por eso se permite ciertas licencias como hacer chistes y decir frases ingeniosas. Es el más amistoso de los senadores comunistas y naturalmente el que mejor habla.

Sus discursos son un deleite. Llenos de metáforas hermosas, adjetivos apropiados, frases irónicas, sólidos en el fondo, y elegantes, casi alegres en la forma. Desgraciadamente los tiene que leer él mismo y la voz no acompaña al cerebro.

Es el oradora de las grandes ocasiones. Hay quien asegura que le tiene pica a Neruda porque estima que él debería ser el “Pablo” de los comunistas. Nada más falso. Son grandes amigos y él contó la graciosa anécdota del poeta una vez que ambos se encontraron parados en una esquina conversando y se acercó un señor desconocido. El tipo -cuenta Volodia- se acercó a Neruda y se produjo el siguiente diálogo:

-¿Y? ¿Cómo te va Reyes? Te acuerdas de mí?
-Sinceramente no -respondió el poeta.
-Estuvimos juntos en el Liceo de Temuco. ¿Te acordái ahora Neftalí?
-Ah, sí, claro…
-¿En qué te las estái machucando Reyes?
-Escribo cositas.
-¡Chis, linda la que aprendiste! ¡A tus años! Hace como yo tonto, trabaja en camiones. Eso da mucha plata ¿o no sabís que los escritores se mueren de hambre. Mira tú, la edad que tenís o no te conoce nadie. Si necesitái una manito, llámame a este teléfono y ahí vemos qué se hace… Chao, Reyes, gusto saludarte”.

Como se ve, Volodia Teitelboim tiene sentido del humor. Y si necesita otra prueba, ahí está el sombrerito de terciopelo verde que usa con una pluma de faisán en la cinta.

* Lira Massi, E. (1968) La cueva del senado y los 45 senadores. Santiago, Chile: Ediciones de Ornitorrinco.

Si quieres leer el primer fragmento del Capítulo III sobre los comunistas: Pincha aquí

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