Los cinco en casa: “Aquí es donde se puede llorar”

Foto: cubadebate.cu
Foto: cubadebate.cu

Hace 16 años Cuba sufría el secuestro de cinco hijos entrañables y generosos. Yo era un niño que soñaba con el nuevo siglo, haciendo cálculos fallidos, viajes utópicos, curando enfermos por el mundo, siguiendo los pasos del Che. La medicina me aguardaba en el futuro con una bata blanca y un caleidoscopio en el cuello colgado como un fusil, en un ejército internacionalista de batas blancas.

En 1998 pasaron muchas cosas. El Papa Juan Pablo II y mi papá visitaron Cuba casi juntos, hacía un año que mis viejos estaban separados y retornaron las navidades y los abrazos.

Crecí junto a las historias de los Cinco, sus esposas, hijos y madres luchando junto al pueblo cubano porque fueran liberados. Soñé con los Cinco, viéndolos felices en el barrio, junto a los vecinos tomando café.

Ellos fueron acusados de espionaje. Su misión era luchar contra el terrorismo, evitando que hechos como lo que ocurrió con el avión de Cubana en 1976 que estalló en Barbados volvieran a suceder.

Al pasar los años llegó el rock, la música pesada, las noches en la calle G, la frikanda’, los panes con ambergue y se esfumó la medicina. Luego entró Silvio con diez años de menos, yo comencé a trovar, entró bullente la literatura y las ganas de leer más y más a Vallejo. Quise tantas cosas, siempre con la historia de los Cinco presente.

Cuando llegué a Chile para estar un tiempo junto a mi padre, me traje en la mochila mi patria y su humanidad. En la universidad luego de cada ciclo de cine cubano presentado en la facultad, hicimos una charla de información sobre los Cinco, la recolecta de firmas, la insistencia de que escribieran a la embajada de Estados Unidos para pedir su libertad.

Pasaron muchas lunas, pero no la esperanza. Los deseos se contrariaron con las realidad, era difícil soñar con la felicidad en la cumbre de una colina, cuando nuestra bandera caía desahuciada montaña abajo de Sísifo.

El 2011, mientras en Chile marchábamos contra la educación de Pinochet, René González, fue el primero de los Cinco en salir de la cárcel con una patética y peligrosa libertad vigilada en Miami, donde mafiosos y terroristas amparados por Washington amenazaban su integridad física y su propia vida.

El 2012 el documentalista Roberto Chile, permitió que compartiera con mis amigos el documental “Esencias de la Colmenita”, que relataba el viaje de un coro de niños cubanos por Estados Unidos. En este material audiovisual, casi al final, la sorpresa enorme de aquella enjambre de pequeñuelos junto al héroe René. En ese momento René contó una historia nos conmovió a todos:

Cuando a mí me amenazaron de deportar a Olguita (su esposa), efectivamente yo no firmé, no quise colaborar con el gobierno y Olguita me visitó el día de mi cumpleaños, el 13 de agosto y el 16 cuando me fue a llamar a la casa por la mañana la habían puesto en la prisión y sometido a un proceso para deportarla para Cuba y separarla de mí. Ese día por la tarde me sacaron de la prisión de pronto y me llevaron a verla en un lugar en que los fiscales tenían sus oficinas. Yo entré y había un montón de oficiales mirando la escena. Tenían a Olguita en un lugar hacia la izquierda con un overol de esos naranja, bien sucios, pintado, bien feo y cuando yo entré, lo primero que hice fue verla a ella. Cuando ella vino para mí, ella sintió el deseo de llorar, y yo vi que iba a llorar y con ese instinto que uno desarrolla para que no se llore frente al enemigo, yo la cogí y me reí… le dije “te queda lindo el anaranjado” y le corté el llanto enseguida y nos abrazamos. Hoy estaba viendo la obra y ustedes podían haber visto que lloré y me alegro de haber llorado ¡Aquí es donde se puede llorar! ¡Allá no lloro, pero aquí sí!”.

Un año después René volvió a la patria definitivamente a sumarse a la lucha de su pueblo, por la liberación de sus hermanos aún presos en “las entrañas” del “monstruo“.

En febrero de 2014 Cuba volvió a sonreír cuando le fue modificada la sentencia de 19 a 17 años de prisión a Fernando González, quien llegó a Cuba para estar junto a su pueblo y su hermano René.

Tras la liberación de Fernando, todo era más difícil. Yo hacía cálculos y el próximo, Ramón, si seguía con su injusta condena, sería liberado en muchos años más, y nada que decir de Antonio y Gerardo ambos con cadenas perpetuas. Las apelaciones se habían acabado.

Pero como en 1998, cuando fueron encarcelados los Cinco y cuando llegó por primera vez en muchos años la navidad a Cuba, pocos días antes de que el mundo empezara la fiebre de ansiedad por los regalos que el capitalismo impulsa a comprar y consumir, Cuba recibió una ofrenda inesperada: Los tres hermanos que quedaban en Estados Unidos fueron devueltos a la patria luego de 16 años de prisión.

Parece increíble que el sueño de verlos en el barrio se haya hecho realidad. Y otra vez la trova vibra con Silvio, Vicente Feliú y los Cinco en la Plaza de Revolución. Gerardo contando cómo “El necio” se transformó en un himno mientras permanecieron encerrados los primeros meses y luego Tony cantando “La era está pariendo un corazón”, su primera canción en la cárcel.

Yo estoy en Chile, añorando volver como lo hicieron los Cinco a mi patria para trovar. Mi deseo mayor es estar cantando las canciones de Silvio en esa tierra de héroes. Hoy los Cinco ya no son tan sólo cinco, hoy los héroes de Cuba son los 257 médicos cubanos en África que están luchando contra el ébola (y los 200 más que están por llegar); hoy Félix Báez, médico cubano que contrajo esa enfermedad y quiere volver a África “para terminar la misión”, es otro héroe de la humanidad; hoy los héroes tienen muchos nombres, 11 millones de hombres y mujeres que han resistido el bloqueo por más de 50 años.

Como afirmó Fidel los Cinco volvieron, pero no llegaron a casa a descansar, ya lo han dicho, en sus brazos se volverá a empuñar el machete de Maseo, porque “el que intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”. ¡Viva Cuba!

Mauricio Leandro

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