Las puntas se unen

La puntas se unen
Nuestro planeta es una esfera y si un día nos aventuramos a caminar y navegar a nuestra izquierda o derecha eternamente, lo más probable es que alguna vez nos encontremos en el mismo lugar. Algo parecido ocurre con las ideologías. Cuando éstas se repelen en extremos del horizonte parece que no se tocarán jamás, pero a espaldas del planeta son imantadas por la misma energía.
El ultra izquierdismo y el fascismo tienen un factor común: la tiranía.

Hace unos días, mientras el mundo miraba anonado el genocidio ocurrido en Odesa, al Este de Ucrania, donde miembros del neo fascista grupo Sector Derecho incendiaron La Casa de los Sindicatos asesinando al menos 36 manifestantes prorrusos; pocos días después en Chile se desataba una violenta pelea entre anarquistas y comunistas.
Por suerte, en el caso chileno no hubo víctimas fatales, ni se transformó en un genocidio como el ocurrido en Ucrania, pero ambas agresiones fueron promovidas por la tiranía y el fanatismo.

En el contexto del primero de mayo, Día del Trabajador, marcharon por Santiago de Chile personas de todos las “ismos” y edades. La marcha era una fiesta familiar, una fiesta teñida de colores, hasta que empezó un altercado entre anarquistas y comunistas. Un grupo pequeño de anarquistas comenzó a insultar a los jóvenes comunistas. De pronto un miembro del grupo ácrata lanzó una bomba molotov sobre los militantes comunistas sin que la explosión provocara daños. Tras este acto, el resto del grupo anarquista lanzó  piedras y golpes con colihue a los comunistas y a quienes se manifestaban junto a ellos. La consecuencia: 15 comunistas de entre 14 y 24 años terminaron hospitalizados con cortes, golpes y luxaciones.

Foto: Ruben Klerman
Foto: Ruben Klerman

Pero que nadie se sorprenda, estamos hablando de una vieja historia. Este tipo de peleas se produce desde siempre. La odiosidad desatada entre ácratas y mancomunados va más allá de un paisaje remoto escondido en los anales de las historia. En el caso chileno tenemos archivos de estas divergencias que tienen más de cien años, donde se hace alusión a la forma en que ha derivado el debate ideológico.

En 1904 Recabarren, padre del movimiento obrero chileno, relataba cómo eran este tipo de conflictos. Testimonio de ello es su texto Anarquismo y Anarquistas donde esbozó lo siguiente: “En Chile, han dado en llamarse apóstoles de las ideas libertarias, que son la esencia de la poesía, de la ternura y de la libertad; personas que, creyendo comprenderlas bien, pretenden “obligar” a aceptar ideas libertarias por “medio” de la tiranía de una crítica grosera y pesada, acompañada de calumnias y de insultos para los que no acepten “ipso facto” dichas ideas”.

Cuando el fascismo marchó en Ucrania, y gracias al bombardeo y registro de imágenes de todo tipo, fuimos testigos por vídeos de como miembros de Sector Derecho quemaron el edificio donde murieron al menos 36 personas calcinadas. Esos vídeos muestran más, muestran la odiosidad y la furia con que los fascistas lanzaban las molotov contra el inmueble con un impulso obsesivo y fanático.

Los hechos ocurridos en Ucrania y en Chile, sólo demuestran que sea del color que se sea, el fanatismo enceguece y hace perder toda capacidad autocrítica y racionalidad. Aquellos miembros de la ultraderecha ucraniana que quemaron en Odesa, este primero de mayo abrazaron desde su accionar a ese grupo minoritario de anarquistas chilenos. Otra vez se comprueba que en nuestro planeta las puntas se unen.

Mauricio Leandro

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