Fue más o menos así

Fue más o menos asíAnoche hubo una protesta en una esquina.
Una rubia pequeña iluminó a fuego una especie de embajada y tuvo que actuar el Ejército.
Yo no hice nada, sólo contemplé, fui un imparcial transeúnte.
A rostro descubierto, con una pirómana sonrisa, una mujer azarosa se coló en un instante por mi ojo derecho. Se llamaba Tania y tenía un AK 47, un revólver, dos granadas, treinta y cinco cartuchos, dos botas y un hoyo en la camisa.
De la nada se puso a bailar bajo un arcoíris de bombas molotov y balazos.
Tania era claramente alemana -obvio, Tamara Bunke-, pero tenía acento argentino y hablaba francés cual lengua natal. Mesclaba en un grito “hijo de puta” y movía las rodillas en coordinación perfecta con el balanceo astral de su testa.
Eran cientos los que participaban en la movilización, pero Tania imantó mi corporeidad, mi raciocinio. Tenía un nombre falso tatuado en el lomo, una especie de chapa, pseudónimo para confundir al enemigo.
Era extraña la protesta. Todos estaban armados, el Ejército enviaba avanzadas en carros blindados, pero los que participaban en la movilización reían sin preocupación alguna alrededor de una mesa con vasos colmados de sangre.
Tania era la líder absoluta. No había discusión en la originalidad de sus movimientos. Bailaba árabe, salsa y música electrónica como si su cuerpo dirigiera los instrumentos.

Alemana de Toulouse, francesa de Buenos Aires, porteña de Berlín.
Nadie sabe, hasta ella misma ignora, que anoche fue un encuentro mundial en el que se reunieron todos mis ismos. No hacía falta teorizar sobre la economía de libre mercado, Tania era el fin de la historia, una especie de ángel que me revolucionó, un querube mandado por Dios para confundirme.
Yo pensaba en aquello y en lo otro, cuando repentinamente estalló una fuerte represión. Tembló en grado mil. Las ruedas de mi bicicleta giraron para atrás. Tania me miró y se fue esposada por un agente vestido de azul.
La esquina se silencio. Sólo sé que en este momento en mi cabeza hierven barricadas y la imagen de Tania como una dictadura.

Mauricio Leandro

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