Los Socialistas

Los Socialistas(Fragmento del Capítulo VI del libro “La cueva del senado y los 45 senadores” de Eugenio Lira Massi sobre los senadores socialistas durante el período 1965-1973)

A los socialistas le aprietan los zapatos o alguien les pisó un pie y todavía se lo tiene aplastado. De otra manera no se explica que sean tan gritones. No hay socialista con buen carácter, podrán estar de buen humor un rato, pero a la primera se ponen a chillar.

Son verdaderos energúmenos de la política. Cuando uno los escucha queda convencido que harán la revolución en cinco minutos más, que saldrán a quebrar vidrios y al primer paco que pillen le van a quebrar los huesos. Salen y uno cree que van a eso. Diez minutos más tarde los encontrará en un café vociferando contra el orden establecido y sosteniendo que las condiciones ya están maduras.

Sus aliados comunistas son los que más sufren. En las concentraciones los socialistas gritan tanto, que los comunistas –callados por naturaleza- tienen que gritar también para que no se crea que ellos no son revolucionarios.

El militante socialistas generalmente es amargado y le pega al resentimiento. También le pega su poco al desaseo. No se corta el pelo ni se peina; se baña sólo cuando lo pilla el guanaco y se afeita, a lo más, dos veces por semana. Siempre arrugado, con camisas sin corbata y de color incierto. Cuando dejan de chillar, leen bastante, pero entre capítulo y capítulo gritan.

Llegando al Comité Central comienza a operarse en ellos una extraña transformación. Se cortan el pelo y se bañan. Se afeitan y se ponen Dolly-Pen. Se cambian traje todos los días y planchan los pantalones. Parece que es la influencia del “líder”. Si así fuera, Allende tendría un mérito más a su favor. Cuesta encontrar un dirigente socialista que no sea pije. “El Mario” es un verdadero lunar porque pese a todo sigue siendo “puro pueblo”; en cambio “El Tito” se ha puesto hasta fruncido para hablar y ya no saca la madre salvo en contadas ocasiones.

Por eso ustedes verán desfilar ahora a unos caballeros muy compuestitos y atildados, pero aún con dolor de pies porque lo gritón no se les quita.*

* Lira Massi, E. (1968) La cueva del senado y los 45 senadores. Santiago, Chile: Ediciones de Ornitorrinco.

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