Los comunistas

Los Comunistas
(Fragmento del Capítulo III del libro “La cueva del senado y los 45 senadores” de Eugenio Lira Massi sobre los senadores comunistas durante el período 1965-1973)

Entre los comunistas hay que distinguir bien claro dos tipos: el comunista-comunista que es el obrero, el proletario, y el comunista intelectual, que se deja barba y sabe mucho.

En el primer grupo podemos ubicar al maestro Toro, por ejemplo. Un viejito que conoció a Lafferte en el norte, se hizo comunista y morirá comunista. Lo han perseguido, lo han echado de las pegas, lo han relegado, lo han apaleado, y sigue igual, tratando de conquistar nuevos militantes para el partido entre media suelta y media suelta.

En el segundo grupo están los jóvenes universitarios que se dejan barba y fundan peñas folklóricas. Se saben todas las canciones de protesta y habrá que esperarlos a que se reciban para saber si seguirán siendo comunistas.

Un comunista-comunista nunca dirá Gabriel González Videla, dirá El Traidor; nunca dirá la Ley de Defensa de la Democracia, dirá La Maldita y siempre estará dispuesto a cooperar para una nueva rotativa de El Siglo.

El comunista intelectual entiende a Antonioni, no se pierde película de Ingmar Bergman y por ningún motivo irá al teatro Santiago a ver El derecho de nacer. Podrá hablar horas y horas de “materialismo dialéctico”, “lucha de clases”, de “realidades históricas” y el maestro Toro no le entenderá nada.

Con los comunistas se ha cometido un error. Todo el mundo les tiene miedo. Hasta los pacos arman unas alaracas tremendas cuando el PC hace una concentración. Se les tiene por seres malvados, que les pegan a las guaguas y a veces se las comen, cuando no se las llevan a Rusia. Partidarios furibundos del desorden, del caos. Unas bestias.

Y no hay tal. Son los rotos más buenas personas del mundo. Jamás transgreden un reglamento o una disposición del tránsito. No discuten ni con los carabineros y cuando alguno lo hace, lo expulsan por pekinista.

Son tristes como caballo. Nunca tienen ganas de reírse y explicable. A cualquiera se la doy que después de 8 horas trabajando aperrado, la célula lo mande con un tarro de pintura a rayar murallas hasta las dos de la madrugada con frases tan novedosas como “fuera yanquis de Vietnam” o “abajo los chiribonos”…

Físicamente un comunista se peina para atrás, andan siempre con chomba, usan calamorros y les falta un diente. Cuando llegan al Comité Central se lo ponen. Por eso a los senadores no les falta ninguno…*

* Lira Massi, E. (1968) La cueva del senado y los 45 senadores. Santiago, Chile: Ediciones de Ornitorrinco.

Si quieres leer el segundo fragmento del Capítulo III sobre los comunistasPincha aquí

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