No te cojas pa’ eso

No te coja pa eso

Aquella joven ninfa es como el pestillo que cierra la puerta. Delgada al punto de confundirse en la cama con un laúd, que tiene una comba alargada bajo la espalda y 24 cuerdas ramificadas de su columna al pecho.

Yo pude pulsar sus costillas, hacer acordes tomándola por la cadera, escuchar el eco que emitía desde el lecho a todos los vagamundos que se alejaban o se aferraban al amanecer.

Fue en un tiempo lampo, casi un suspiro lo que duró aquella música. Desde ese día llegaron algunos mensajes por debajo de la puerta, correos y ondas radioactivas con letras descifrables, con dibujos y también fotos minúsculas y gélidas.

No sé si se repita alguna vez el concierto sobre la almohada, sólo sé que quedó ahí, a la altura de mis ojos, frente a mi vista, clausurando la posibilidad de olvidarla. Su cuerpo diminuto, escuálido, es el pestillo que bloquea esa eventualidad.

Flaca: No te cojas pa’ eso.

Mauricio Leandro

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