Nalgas

Leonardo da Vinci, "Coito hemiseccionado del Hombre y la Mujer" (1492)
Leonardo da Vinci, “Coito hemiseccionado del Hombre y la Mujer” (1492)

Me he tomado un trago de cerveza y no sé. No sé cómo explicar esta sensación. Te he visto las nalgas y mi estómago se llena. Baja una bola de fuego por mi garganta como en un resbalín.

Un sorbo más y danzas frente a mí azul. Las rayas han salido de tu pantalón y ahora son mis señales éticas, guiándome a la izquierda; no doble a la derecha; siga; no tiene permiso para estacionarse.

Cada lata vacía colma más esta inconsistencia, este tiritar de mis piernas. De pronto un pie-estaca fugas impide la caída, tu hombro mi bastón, tus abrazos un salvavidas; me besas, estás dormida, tu espalda, tus nalgas, mi pecho, salida, resaca, dolores, dos litros de agua, al baño, ronquidos, caricias y la mañana.

El único espejo que hay en mi cuarto es la cama. Las sábanas estremecidas son  mi retrato.

Bombas poderosas estallan en mi cabeza y aún el sueño ruge en mis brazos.

Quiero dormir, pero tú me das la espalda. Mi estómago aún arde como si la cerveza hubiese vuelto a fermentar aquí adentro. En el dintel de mis piernas hierve la imagen de tus nalgas. Mi cerebro destella instantes de un camino recorrido ya, en un reiterado deja vu.

Varias libaciones quedaron en mí, me recorrieron, pasearon por mi sangre. Tu cuerpo estirado, cobijado por mí, fue una ánfora intacta en la que se agazaparon mis deseos de comprender esa sensación, ese crepitar.

Mauricio Leandro

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