Una noche

Una noche

Una serie de besos quedaron pegados por ahí, sin enterarse los afectados que mi boca los rosó.

Cabellos mudos, manos dormidas, ojos cerrados, fueron víctimas de mi boca imprudente.

Se quedó varias veces dormida a mi lado, con su cabellera como un árbol, con sus manos clavadas en la cama, con sus párpados caídos. Respiraba fuerte como un viento en la ventana, se movía ligera como una bailarina, sin saber que era bañada por una lluvia de besos.

Antes de caer como kamikaze en un barco, mis mirillas buscaban un blanco perfecto, donde pudieran aterrizar sin despertarla y al mismo tiempo estréllame con todo el amor.

Despertó una mañana y abandonó ese mar que armé para las batallas nocturnas. Fue en busca de un océano misterioso y no supo que mi cama se convirtió para siempre en un archipiélago frío y boreal.

Vivo en el sur y duermo en el norte, con el recuerdo de los besos que di y no di a nadie.

Mauricio Leandro

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