¡Oh, vida!

Caspar David Friedrich, "El andante y la niebla" (1818).
Caspar David Friedrich, “El andante y la niebla” (1818).

Te lo haré simple. Yo no sé nada. Cualquier cosa que pueda escribir en esta página, no ha sido previamente preparada por mi razón. Yo sólo escribo por la necesidad cobarde de no mirarte de frente, escribo mientras espero el sueño que vendrá en cualquier momento, mi héroe.

Realmente no sé si te interese en lo más mínimo que sufra por tu ausencia en mí. Vives en casi todos, feliz o triste, pero vives. Por mí te niegas a pasar, en una absurda rebeldía. Pero como te he dicho previamente, yo no sé nada. Quizás quien se niega a que tú entres en mí soy yo. Quizás tú eres totalmente solidaria y estás en todos los que quieren montarte, tomarte, chuparte, gozarte, olerte y andar contigo. Tal vez soy yo el que me niego a saltar sobre ti. No sé nada.

El otro día te volviste a aparecer en mi sueño, con cara de dinero y aire de lujuria. No sabes las ganas que tengo de besarte las tetas y tocarte las nalgas y tú te das el lujo aparecer voluptuosa cuando te place en mi mundo onírico. Por si no lo sabes, ese es el único mundo que me pertenece.

Andas despacio como el aire, regalando tu verde para que un idiota como yo te corte los pezones sin saber si te gusta o no. Te regalas fácil y les abres las piernas a todas las mujeres para absorberles sus hijos. Estas quieta e intranquila todo el tiempo, recostada sobre mí o jugando en la televisión a que existes de verdad. A veces te pareces a ti misma y no sabes el miedo que me da estar perdiéndote todos los días.

Yo no sé nada. No sé si te hago mal o bien. Sólo puedo imaginar un futuro sin ti. Es un alivio que tengo, pero luego recuerdo que estás en todos regalándote, esperando que me muera para reírte con un llanto imaginario. Estás acostada con mi padre, azotándolo con un látigo, vertiéndole aceite por los oídos y sacándole con una pinza las memorias. Y con mi madre no sé, has puesto un océano entre nosotros para que no pueda ver lo que pasa.

No sé nada, pero déjame en paz de una vez y dime que no eres real.

Mauricio Leandro

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