Desilusión de un matiz

acordeon

Trovaba Pedro Luis Ferrer, “detesto la burocracia, que convirtió en eficacia, en un motón de desgracias… qué ha pasado con la vida, tanta gente arrepentida”. Yo no me arrepiento de casi nada, aunque he sido víctima de puñaladas y todo, pero bueno, a mí nadie me mandó a meterme en lugares jodidos. No me arrepentí ni desilusioné, aunque motivos me dieron muchos.

Nada, no me desilusioné de nada tanto como de un color. Así de simple, ni de un pensamiento, ni de una bandera, simplemente de un color. Yo nací con un color preferido, me crié con él, de grande salí con sus flores y creí conocerlo de siempre, pero nada que ver. Aquel color no era de verdad, era una mezcla entre varios matices que yo sinteticé en un tono. Era mentira que me había criado con él, que había salido con sus flores. No conocí jamás al color, quizás supe algo de su concepto, pero el que amé se destiñó a la primera lluvia.

El color tenía de sonido el acordeón parecido al rojo, pero que no lo era. Era una especie de amarillo-naranja-vermelho (así, en portugués). Un día se destiñó aquella tonalidad frente a mis ojos, me dio tristeza aquella imagen decolorada, fue una desilusión total.

Su sonido de acordeón no era más que un arpa desafinada, adaptada a vibrar en rojo, pero que también se despintó, se desafinó.

Me desilusionó el rojo aquel, pero sé que existe una gama pura. He sido testigo de sólo matices despintados que prometen amaneceres de fuego, pero que son absorbidos por la noche y no alumbran jamás. Quizás no sea falso la existencia del rojo, quizás sean mis ojos los que son demasiados ilusos y al primer destello de una pequeña luz, creen posible el amanecer.

Debe existir algún rojo real para mis ojos, pero hasta hoy no lo he hallado. Aquel falso pigmento que creí conocer, me regaló miles de rosas prometiendo que morirían conmigo, pero fue falso, las flores se destiñeron y arrugaron ante mi mirada, mucho antes que el invierno.

Esperaré estoico la llegada de un rojo verdadero que encienda esta oscuridad. Mientras tanto, no está de más recordar a Ho Chi Ming, el poeta decía, “nunca el amanecer estuvo más cerca, que cuando la noche fue más oscura”.

Mauricio Leandro

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Un pensamiento en “Desilusión de un matiz”

  1. Interesante, pero en el fondo quién quieres que te lea realmente?.  No recuerdo quién decía, pero era algo como que cuando suceden estos quiebres, que nos quiebran los sentimientos, es bueno escribir sobre todo lo bueno positivo que tiene, que vimos en la otra persona y también sobre lo malo y negativo que pudimos ver. Guardarlo y después de un par de meses, volver a releerlo.  De seguro que entonces mantendremos algunos puntos en los que concordaremos, pero en otros, nos daremos cuenta que hemos sido injustos. Como decía la abuela, se debe vivir el luto. El Diablo sabe más por viejo, que por Diablo.

    Besos 

    P.       Mauricio Osorio

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