Mella, sin tiempo para llorar

Mella

Somos Aries Mella y yo. Ayer yo cumplí 26 años y hoy, el revolucionario cubano Julio Antonio Mella, estaría cumpliendo 110. Estoy seguro que Mella no estaría llorando el día de su aniversario por la ida de Tina Modotti. Él, un comunista comprometido con su época, no hubiera tenido tiempo para unas lagrimitas nostálgicas. Su cumpleaños sin pastel sería tal vez olvidado hasta por él mismo, en el ajetreo y la lucha por derribar al dictador Antonio Machado.

Perdónenme, pero no me imagino a Mella llorando y cargando armas en un camión, todo al mismo tiempo. Sé, que como decía el Che “el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor”, pero ese amor de noviecitos no tiene tiempo para el luto, si se está en tiempos de lucha.

¿Qué habría sucedido si a Mella lo hubiera abandonado Tina Modotti? No veo en mi mente la imagen de aquel joven de 25 años llamando a Diego y a Frida para contarle sus penas, mientras que Tina y Vidali se tomaban un café planificando el futuro que le darían al caribeño. No logro transfigurar el rostro duro de Mella y no puedo ver en él a un hombre desolado llorando por la ida de una mujer, sea quien sea.

A Julio no lo dejaron cumplir los 26 años. Lo asesinaron el 10 de enero del 1929, a dos meses de su cumpleaños. Aún no se sabe si fueron los esbirros del “Asno con garras” o un sicario del stalinismo. Lo cierto, que más allá de lo que sucedió, podríamos hacer zapping con el tiempo y reescribir ese trozo de historia y amoldarlos a nuestro objetivo literario.

¿Qué habría sucedido si a Mella lo hubiera traicionado realmente Tina Modotti y no sólo con la bala, sino con Vidali?

A Vittorio Vidali, comunista italiano, no sólo se le acusa de haber sido el presunto homicida de Julio Antonio por un supuesto acercamiento de Mella al ideario de Trotsky, sino que luego de deshacerse de este muchacho, terminó estableciendo una relación con Modotti, casi como si ella fuera un trofeo de guerra arrebatado a la víctima.

Tina Modotti, fue una fotógrafa alemana, militante comunista y que estuvo vinculada con intelectuales de la talla de Diego Rivera, David Siqueiros, Frida Kahlo y otros. En México conoció a Mella y a partir de allí nació un amor que atravesó las décadas, los años y la muerte, mediante al registro fotográfico que dejó aquel tiempo, capturado por el lente de la alemana.

Tal vez en diciembre él sospechó algo, quizás le llegó una advertencia. Puede ser mentira que estaban juntos del brazo el día de su muerte. Podrían haber estado conversando sobre los “términos de la rendición” o  quizás iba todo bien, sin él saber que su amante era una apóstata. Posiblemente ella haya llorado cuando escuchó el disparo y sintió como se desplomaba al suelo el hombre que la abrazaba. O también ella pudo sentir indolencia y luego de la muerte haber deletreado un código ruso a un sospechoso hombre que pasó por ahí.

No sé. Sea como sea no imagino la escena de aquel Mella desolado, tomándose un tequila con un latero Trotsky. No lo veo cayéndose de la mesa, ebrio de dolor, preguntándole a León: “Oye, mi hermano ¿Tú crees en el amor permanente?”. Es difícil vislumbrarlo entre margaritas y sollozos, mientras que en Cuba la sangre se vertía como un río espeso y caliente por la isla.

Quizás una noche Mella llegó a su casa y decodificó una orden que se encontraba en un lugar donde no debía estar, o a lo mejor Diego le dijo: “Óyeme cuate, no quiero que pienses mal, pero tu chava está saliendo con otro camarada. Lo sé, porque Frida me lo contó. Está todo bien, yo creo en el amor libre, pero sería bueno que lo hablaran”. Insisto, sea como sea, no veo aun Mella desolado, no había tiempo para la desolación.

No haré analogías y por supuesto que guardaré las dimensiones. No conozco a Fabelo personalmente y ni siquiera de vista me he topado a Slavoj Žižek. Tampoco he compartido nada con Silvio, ni he conversado con el subcomandante Marcos. Mi novia no me ha traicionado, ni ningún Estado, gobierno, grupo político o club deportivo, han conspirado una muerte contra mí. Tuve una relación un tiempo con Camila Vallejo, pero cuando era Cami y no presidente de la Fech, ni vicepresidenta, ni candidata a diputada. No he sido delegado de curso y la mayor responsabilidad política que he ostentado, fue un cargo en la Federación de Estudiantes de Enseñanza Media en Cuba, que recibí casi de rebote.

La mujer por la que me desvivo, ni siquiera a leído a Marx y tal vez su libro más disidente sea una obra de Cortázar. Aunque le regalé una cámara fotográfica, aún no se ha animado a los desnudos y tampoco está interesada en captar imágenes de metralletas y maíz. No hemos sido oprimidos más que por la dictadura del capital y la desidia, pero tampoco le hemos hecho mucha mayor resistencia al sistema que algo de bruxismo.

No tengo nada que ver con Mella, nada más coincidimos en el signo zodiacal. La mujer que se ha ido no se parece a Tina Modotti, no es comunista, ni agente de la KGB, se ha ido y ya. Mi ex novia no planificó mi muerte, no teme que el Mauricismo se expanda como germen por el mundo y quiebre la línea de Moscú.

Es verdad, esto no tiene nada que ver, pero a veces si quisiera. Desearía no tener tiempo para pensarla, desearía estar vinculado a un complot que me reste horas de individualismo y ponga todo de mí con el fin de triunfar o morir. Me gustaría que me exiliaran, para salir de las calles que la nombrar obsesivamente. Desearía ser víctima de una traición y sentir cómo una bala penetra sobre mi frente, dejando muda mi conciencia y mi pesar.

¡Vamos, qué pasa! Esta no era la idea. La idea era tomar la bandera de Mella y erguirla definitivamente sobre la plena libertad latinoamericana… Lo malo es que esa libertad había pretendido compartirla con alguien, para que al fin creyera en lo que le decía sobre el socialismo… Pero no, qué va, el socialismo será para el pueblo y no para una ingrata… Y ahora, ¿para que quiero el bien del pueblo?, ¿para que este se burle de mí en su plena dicha y yo me muera amándola, sin saber hacer otra cosa?… Qué ridículo este párrafo, parece un manifiesto de cobardía, de egoísmo, de autoconmiseración, de mariconería… Nada tiene sentido, hace tiempo que di por perdida mi pelea, pero ella llegó y me dio motivos para creer en la batalla de ideas… ¿De qué motivos hablo? parezco un pequeño burgués quejumbroso y apenado, esperando la taza de chocolate caliente que en la cama servirá mamita…

No sé, creo que lucharé, pero coño, qué ganas de ser como Mella.

Mauricio Leandro

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