Los 26

Los 26

El domingo cumplo 26 años. En Argentina ese día es el de La Memoria, para no olvidar lo que ocurrió el 24 de marzo del 76. Ese mismo día, pero 11 años más tarde de aquella barbarie, nací yo.

Fui un bejigo afortunado y más que ello, agradezco haber nacido en Cuba. En este país, si tienes edad entre 1 y 12, el gobierno te da un pastel y un montón de caramelos (el día de tu cumpleaños) para que ningún pretexto económico o culinario impida que un pequeñín pueda festejar su aniversario de vida.

A mí desde los 15 que no me preparan un cumpleaños. He sido partícipe de las más osadas sorpresas de happy brithday, pero el 24 de marzo, no ha sido más que un día de felicitaciones telefónicas, llamadas falsas, mensajes equivocados, etiquetas no deseadas, cervezas y un 78% de saludos de desconocidos en las redes antisociales.

Respecto a las redes antisociales, prefiero…, no, no prefiero nada. Es más, cada uno de esos saludos falsos deprime más mi existencia. Es como si me restregaran las notificaciones diciéndome: “Já, somos más los virtuales que los reales”. No puedo negar que el mensaje íntimo y sincero, puede viajar a veces por los medios electrónicos, pero éste se delata sólo, porque no le importa los dedos para arriba, que aceptan como Césares modernos su buen verso; el mensaje real prefiere la sonrisa invisible y el calor cómplice que sabe, puede provocar.

Cada noche del 23 de marzo, se ha convertido en una piñata vacía. Cierro mis ojos e imagino a los amigos, rodeando el centro de una barriga donde unas velas anuncian que soy más joven (aunque me sienta viejo). Veo las sonrisas queridas, mezcladas en un coro mudo, al que no le hace falta la vieja canción “que los cumplas feliz”, pues mi felicidad la dibujan sus guiños. A la hora cumbre del cumpleaños, alguien golpea la piñata antes del discurso final y caigo sobre mí mismo: …me pongo las chancletas; me hago el que nada importa; tomo el teléfono para “ver qué hora es”, no importa, no es ninguna hora; me tomo un café; mi padre me llama y saludo a todos los míos que me invitan a tomar té a la hora que pueda; un amigo llama al medio día y me invita una cerveza.

La noche cae; el amigo se fue. Un rato después, cuando me doy cuenta que la piñata está vacía, me confieso en silencio y me digo: -Creía que traía caramelos.

No queda más nada. Llamo a los chicos, les digo que traigan cervezas y armo un cumpleaños como una guerra. Algunas bajas se anticipan al combate. Tomo una copa tras otra, esperando la sorpresa, haciéndome el que nada le importa. Me río cómplice de los amigos y en silencio sólo pienso: -¿Por qué no reventó la piñata y nos inundó de caramelos? ¿Acaso fue por culpa de mi falsa modestia de no decir: “háganme un cumpleaños”? ¿Por qué digo caramelos si lo que quiero es una lluvia de palabras y manos? ¿Por qué digo mentiras si sólo quería caramelos? ¿Por qué digo caramelos si sólo quería alguna mentira? ¿Por qué digo cumpleaños, si lo que quería era un beso amado que inaugura mi nuevo año?

Mauricio Leandro

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2 pensamientos en “Los 26”

  1. Ayer recordé que cuando hicimos el trabajo de semiologia te estabas haciendo un blog y yo no podía entender como entre tanto apuro tu te emocionabas por este pequeño, pero sin duda, creativo espacio. Hoy facebook me avisa que es tu cumpleaños, decidí no escribirte nada, ya que no nos vemos de ese día en que dimos la infernal prueba, pero en tu muro apareció nuevamente tu blog, y aqui te escribo y te leo, no estoy de cumpleaños y quisiera lo mismo que tu, eso si, ojalá siempre. Te mando un abrazo súper grande compañero, le debo unos caramelos! FELIZ CUMPLEAÑOS!

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