The Clinic: voz desgarrada de oposición

¡Oh!, y ahora: ¿Quién podrá defendernos?

Cuando Verónica Torres entró a la sala de clases, muchos pensaron que se trataba de alguna estudiante de intercambio o alguna chica nueva. Su aspecto era de no ser mucho mayor que los alumnos del taller y su carita de ojos claros y pelito rubio, le daban un aire de querubín indefenso. Fue cuando empezó su alegato que salió agazapada en ese minúsculo ser, la periodista brava y tremenda. Así fue como repartió en una charla “periodismo”, como en una receta de cocina.

Por: Mauricio Leandro

Medio día en Santiago. Uno de los mayos más árido y frío del último decenio. Transantiago, evasión, esmog, impuestos al tabaco, gobierno de derecha, Fiebre de baile, previa al mundial, reconstrucción, asistencialismo, 7%, homosexuales y clases de crónica y entrevista en el Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI). La invitada de este martes es Verónica Torres, periodista del famoso semanario The Clinic.

Verónica llega a la sala como uno más entre los futuros periodistas, pero ella ya cuenta con unos cuantos kilómetros de distancia, en una carrera que empezó el 2005 con lo del caso de los milicos de Antuco. Se ve sencilla, tanto a primera impresión como a segunda y tercera. Hasta pide permiso para decir huevón. Cuenta anécdotas del trabajo en el The Clinic y da algunas recetas de lo que pueden hacer los periodistas. Algunos alumnos de la sala anotan en sus libretas como si tomaran apuntes para algún plato, como en una receta de cocina. Una niña se queda clavada en los zapatos de Verónica y parece a simple vista que se montara en ellos a volar por el espacio sideral como en las botas del mismísimo Hermes, el dios griego de los chismes.

La redactora sigue con su relato sobre el periodismo estilo culinario, y mientras la mayoría se concentra en ella, algunos alumnos se paran por un café o salen de la sala a realizar necesidades que no se les había ocurrido hacer a 6 horas de la mañana. Unos cuantos interrumpen su discurso llegando extraordinariamente tarde, como para decir: “estuve allí, antes que se acabara el mundo”. Hasta el propio celular de Verónica hace el intento de cesar su charla, pero la periodista es sagaz y esquiva todo eso para no parar en su compromiso por entregarle las mejores herramientas a los pichones  de la prensa.

Voz desgarrada de oposición

“No hay que casarse con el medio”, receta Verónica a los alumnos que siguen apuntando desquiciadamente. “Es un medio de Concertación, no de izquierda”, advierte a los que pretenden apuntar al semanario en la lista de medios libertarios. Y claro, recordando a Longueira, quien con serenidad refrescó cognitivamente la semana pasada a los chilenos diciendo: “los gobiernos de la Concertación fueron de centroderecha” incluso, los mandatos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet estuvieron “más a la derecha que el de Jorge Alessandri”, queda más que claro que la oposición otrora gobierno, no se tendrá que poner tan en pugna con quien pretenda profundizar el modelo que ellos dejaron a todo tren.

Los alumnos siguen escuchando y preguntan sobre cómo son esos personajes públicos que salen en televisión. Ella aclara que son igual que todos, incluso que cualquiera podría estar allí, en el lugar de ellos. Cuando dice esto, la melodía de “la desilusión” suena en tono melancólico por la sala. De todas formas no se detiene y delata sin mala fe al The Clinic, contando que “comulgamos con varias ideas de la Concertación”. Es allí donde en un simple ejercicio de lógica griega o usando la metódica de Descartes, podemos darnos cuenta que si hablamos que The Clinic es la voz de la Concertación, nos referimos pues a una voz desgarrada. Más simple aún, es un hecho dialéctico la toma de poder por parte de la derecha, cedida por la gestión de los partidos del arco iris. En otras palabras, Jaime Guzmán tenía razón.

La clase acaba y Verónica desaparece velozmente. Algunos alumnos quedan felices y se preparan para desenfundar sus plumas y atacar sin piedad a las hojas pálidas que los aguardan. Otros quedan obnubilados y dicen para sus adentros con sorpresa: ¡Oh!, y ahora: ¿Quién podrá defendernos?

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