En el Centro de la pornografía

Cine Mayo, porno del pasaje Plaza de Armas

Que si eran un lugar de reunión gay, que si te toqueteaban, que si estaba lleno de voyeuristas, que si todos alrededor de uno se estaban masturbando. Con esa sobreinformación, el primer sitio antes de pasar a la película fue el baño, para tranquilamente fumar un cigarro, pero allí la presencia de un inerte condón echado al lado de la taza rodeado de semen, dejaba una penosa expectativa de lo que se podría venir en el Mayo, cine porno del centro de Santiago.

Por Mauricio Leandro

Martes, tres y media de la tarde en punto. Antes de ir al lugar ya pensado de antemano por la curiosidad, una rutina de humor frente a la Catedral en la Plaza de Armas para relajarse un poco. Los nervios se van apoderando de todo, cada paso antes de llegar a la calle Monjitas, donde justo al frente del pasaje Phillips se halla ese cartel gigante que anuncia: CINE NILO y CINE MAYO: PROGRAMAS SOLO PARA ADULTOS. Unas fotos antes de entrar y la consulta a una tendera del pasaje que vende ropa para guaguitas: “Voy a un cine porno. ¿Cuál usted cree que es el más rancio?” Ella no se hace problemas y contesta con ligereza: “El Mayo, obvio. Allí se corre mano todo el tiempo y está lleno de voyeuristas que sientan atrás del que llega para masturbarse”. La grotesca insinuación no intimida el apetito de develar lo que puede esconder la sala.

En la boletería, la misma para el cine Mayo como para el Nilo, se anuncia en cartelera la película de título sugerente “El culo de ébano”.  1500 pesos cuesta la entrada. La señora de unos setenta años que vende los boletos, da la indicación de que el cine se encuentra bajando las escaleras que están al frente. Alrededor de éstas, cientos de imágenes de películas porno, todas con chicas protuberantes, haciendo gestos lascivos y mostrando sus más íntimas partes, incitando a los espectadores a volver por los títulos que promocionan: “Déjame que te folle”, “La enculada”, “Orgía espacial” y otros de nombres similares.

Al llegar abajo, el señor que corta los boletos hace una señal con su mano, indicando su lado izquierdo, lugar para entrar al Mayo. Fuera de la sala, dos jóvenes sentados muy cerca se hablan sin mirarse a los ojos. Uno de ellos tiene cejas muy finas que a simple vista parecen depiladas. Antes de entrar, un cigarro para calmar los nervios. Uno de los que atiende el cine indica que se puede fumar en el baño.

Tirado en el baño

La primera impresión del baño no deja mal parado al cine. Se ve a simple vista higiénico y no tiene ni un simple rayado en las paredes. No se ven rastros de suciedad, ni orine en el piso. La curiosidad es mayor y todas las puertas de cada cabina son abiertas, asegurando con anticipación que nadie se hallara en una de ellas.

De pronto, el baño del cine se cae como si un sismo echara abajo todo su prestigio y dignidad de una. A la vista, yace echado el piso, al lado de la taza de uno de los baños, un condón inerte y de frágil aspecto, rodeado de un pequeño charco de semen a su alrededor. Unos centímetros a su lado, el paquete que alguna vez lo aguardó. Al momento viene la pregunta a la cabeza: ¿Cómo fue a para eso allí?

Un hombre llega de pronto y se dirige a una de las cabinas del baño. Mientras el cigarro no moría, el silencio se apodera del lugar. Poco a poco empiezan a aparecer algunos ruidos. Primero el del sonido metálico que produce el cinturón del señor, seguramente se zafa el pantalón, luego unos 40 segundos de silencio y después unos pequeños gemidos. Al rato, ya con el cigarro muerto y disimulando un llamado telefónico, se oye el chis chis, de un encendedor. Por encima de la cabina, una señal de humo que anuncia que está fumando. El hombre sale (sin descargar la taza del baño), se lava las manos y se retira apáticamente.

Boca del lobo

Después de la escena traumática del baño, había que desprenderse de todo temor y de una vez entrar en la sala. Afuera aún estaba uno de los chicos, el de las cejas depiladas, pero esta vez se veía ambular a muchas más personas.

Para entrar al cine, dos pesadísimas cortinas deben ser abiertas y al ingresar, la sensación de estar en la boca de un lobo. Todo completamente oscuro, no se ve ni un ápice de luz. La penumbra es total, así como en el Génesis del antiguo testamento donde la tierra era oscuridad por encima del abismo, allí la única imagen que se podía ver, era la de la enorme pantalla que al momento de la entrada, mostraba una penetración en primer plano. Confusión total, no se veían butacas, ni pasillos, ni personas. Los sonidos del lugar, eran los que se podían escuchar desde las bocinas del cine que en ese momento emitían el sonido de gemidos y “sí, sí, así, fóllame”, de un burdo y evidente doblaje español.

El celular de poca monta, no alumbra más que unos centímetros, su luz ni siquiera puede llegar al piso. Ante eso, el gesto solidario de un señor que se acerca e intenta meter la mano para indicar por dónde tomar, pero es eficazmente esquivado. Segundo a segundo, la vista empieza a acostumbrarse a la penumbra y se va viendo el reflejo de algunas butacas y un pasillo que divide dos filas enormes de asientos, cada una cuenta con diez butacas por lado. El ambiente sonoro siguen siendo los gemidos de la película que van en crescendo.

Luego de encontrar un puesto cómodo y alejado de cualquier espectador, empieza la fijación en la grabadora de la memoria de cada situación dentro de la sala.

Se ve, por la luz que refleja la película, que la mitad de los asistentes son de la tercera edad. La sala, donde se puede fumar, parece tener la capacidad para doscientas personas, pero allí sólo hay una veintena, de ellas ninguna es mujer, no se les permite entrar solas. La otra mitad de espectadores, son a simple vista jóvenes y éstos se pasean de un lado al otro sin mirar la película, ellos observan a los que están sentados. Se acercan de a poco, se sientan a lado de quien ve intensamente la película, al parecer tienen un diálogo sin palabras y se retiran en busca de alguien más. Esta rutina la hacen varias veces con diferentes personas, se pasean por todo el recinto y hacen ese tipo de acción con todos.

La película sigue rodando y esta vez, la escena es lésbica. Se escuchan gemidos que se confunden con los del film. De pronto, se oye el chis chis de un encendedor, pero esta vez es un hombre que desde su butaca alumbra ostentosamente su pene erecto. En lo que hace esto, mira a su alrededor con una expresión de: ¡Vieron! El hombre se levanta de su asiento y se cambia hacia la otra fila con el pantalón abierto por el medio del pasillo.

La verdad de los cines

Al salir de ese antro, para tomar las últimas imágenes visuales del lugar (adentro no se puede fotografiar), se encuentra otro joven que mira lascivamente y regala pequeñas sonrisas. Este devela la verdad de los cines.

Carlos, quien se dedica a la peluquería en Independencia y aclara que va pocas veces a este tipo de lugares, afirma riéndose: “Todos saben que en estos cines nadie viene a ver películas (…) aquí la gente viene a buscar sexo”. Mientras va dando pistas de todos los ritos del lugar, señala a un hombre gordo y dice: “Ese, ese siempre está, las pocas veces que he venido a este lugar, él está. Se pasea de sala en sala en busca de sexo”.

Según Carlos, dentro del cine pasan más cosas que la ya descritas. Adentro existe toda una gama servicios sexuales, que hablando en español, se puede relacionar con una pequeña red de prostitución que oferta a los cliente-espectadores, sexo oral por sumas de 3 mil a 5 mil pesos. Estos servicios son entregados por hombres, aunque según lo dicho por Carlos, también van mujeres, pero éstas son previamente contratadas y usan el cine para concretar el pago por sexo oral. Cuando esto ocurre, como cuervos próximos a la carroña, se acercan los que deambulan por sala a ver esa escena porno en vivo y más de uno estira las manos para ser parte de ella.

Foto: Rocío Pérez

Otra de las cosas que ocurre en las salas, cuenta el joven estilista, es que la mayoría de los que asisten son hombres homosexuales en busca de una relación no lucrativa con alguien que, hastiado de las imágenes en la pantalla grande, permitan compartir el líquido hacedor de vida. “Aquí lo que se hace, es que se busca a alguien que este mirando la película. Uno se acerca y al tiro cachaí si hay feeling o no. Si lo hay, uno puede tener sexo oral ahí mismo, pero si lo que quieren es algo más profundo, se van a otro lugar, pues en los cines tampoco se puede llegar a tanto”, agrega Carlos.

Han pasado dos horas a la salida del cine. En la Catedral, la gente le reza a un Dios que no se sabe dónde habita. A la memoria vienen las noticias de las últimas semanas sobre los casos de pedofilia en la iglesia y cuesta descifrar qué personas son más enfermas y si Dios, es director de cine.

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19 pensamientos en “En el Centro de la pornografía”

  1. Como que no se puede hacer otra cosa? Yo soy pasivo y voy seguido para ser penetrado y nunca me falla, a veces en el dia lo he hecho mas de 5 veces, en las butacas, en los pasillos o en el baño, eso si, siempre con condon. A veces cuando está un poco fome, me voy al capri que esta en la galeria del lado y ahí también encuentro lo que busco.

  2. Quien encuentre que lo que ocurre en esos lugares es una cosa normal, debería de estar encerrado en un manicomio. Son enfermos mentales, homosexuales. Bien sabido es, que la homosexualidad es un trastorno mental, que la hayan sacado de la denominación de enfermedad mental, es cosa bien distinta. Lo bueno es que todos los que frecuentan esa sala, se van a ir al infierno sin mas dilación.

  3. tanto… Me encantaría estar ahi y saber directamente lo que pasa. Hay al guien dispuesto a hacerme sexo oral. se lo agradeceria.

    1. Estimada, me gustaría saber a que cines si le permitieron entrar, ya que con una amiga pretendemos ir, pero tengo la duda de si a ella la dejaran entrar.

  4. ooh!!!!!!!!! algo jamas antes imaginadoo exelenteee!!! articulo!!! jamas imagine algo asi… y el cinee familiar es mas Caro que esto..como puede haber mas acceso a la pornografiaa que ha comprar un voleto para ver una pelicula de calidad un disco o un libro. mil reflexiones… terminare siendo fans de esta pag!

  5. ooh!!!!!!!!! algo jamas antes imaginadoo exelenteee!!! articulo!!! jamas imagine algo asi… imaginate que el cinee familiar es mas karo que este… mil reflexiones… terminare siendo fans de esta pag!

  6. Está bueno, bien armado y redactado. Puedo decir, orgulloso o no, que conocí también lo que se retrata, y sí, entra a la cámara verbal ese mundo.
    Pero ¿cómo dislocar los pies forzados de una tradición periodística ‘objetiva’¿

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