Un Incidente al Desnudo

Y lo peor es que no me dio tiempo ni a subirme los pantalones.

La vergüenza más grande de mi vida, pero lo bueno fue que no conocía a nadie más que a mi chica. Esto sucedió en casa de la amiga de la amiga de mi novia, una tarde de un mes y año, que no pretendo recordar.

 

Había acordado de juntarme con Azul en su facultad, para celebra otro viernes más que pondría término a una semana de pruebas. Así que llegué a su campus donde ya había empezado el jolgorio. Al mirarla de frente, ella estaba allí, esperando por mí, colmada de licor. Yo saludé a todos, me senté a su lado y saqué la guitarra.

En lo que “trovaba”, miraba como trago a trago se hacía más feliz mi mundo exterior. La música adquiría un volumen perfecto, no desafinaba tanto, la gente cantaba conmigo y Azul cada vez estaba más arriba de mí. Entre risa y risa, beso y beso, roce y roce nos fuimos acercando hasta que nos fundimos por un rato en los pastos.  En eso se escuchó la voz de una de sus amigas que propuso ir a una fiesta de una amiga de ella, o sea, iríamos a la fiesta de la amiga de la amiga de Azul.

No nos hicimos muchos problemas y partimos todos para allá. Por el camino compramos cigarros y una botella de pisco. Al llegar, nadie se conocía, solamente la amiga de la amiga…, que nos presentó a todos. Yo no tardé en hacer “feeling” con la gente y en unos minutos saqué la guitarra y me puse a cantar.  Luego vinieron los Van Van y así se fueron agotando las energías.

En los bailes, ya que Azul no baila ni le gusta, tenía que sacar a las muchachitas del lugar. Azul miraba fijamente cada pasillo con unos ojos inexplicables, no sé si estaba indignada por no saber bailar o le daba cólera que otra bailara conmigo. Mis manos, como sucede en el baile, recorrían la espalda de la niña que bailaba conmigo y en algunas partes de la salsa, la tomaba por la cintura y la ponía bien pegadita a mí. Pero todo esto hizo que Azul se llenara, más que de rabia, de deseo de estar ahí conmigo.

Al rato, cuando todos estaban “muertos”, la dueña de casa se puso con un cuarto. Ofreció a aquellos que deseaban dormir una pieza, de no más de 5m cuadrados.

A eso de las 3am decidimos ir al piso de arriba, lugar donde se hallaba la pieza. Pero al llegar al lugar y ver el cuarto colmado de borrachos, no lo pensamos dos veces, nos fuimos a inspeccionar la casa. La búsqueda nos hizo encontrar un cuarto mágico; un espacio a media luz  que nos ofrecía un colosal lecho de dos plazas para que concretáramos en él, cualquier deseo sublime o perverso.

Entramos como sedientos a un lago indescriptible, cada paso hacia la cama era una prenda que se zafaba de nosotros ante nuestra inminente desnudez; cada paso era beso y roce, y más roce. Su espalda rebosante de intimidad ajena, se aclaraba ante las gotas del sudor que recorría desde mi cuello hasta llegar  a mis manos, cuales la sostenían desde sus muslos ardientes. Azul se transformaba en un animal desnudo frente a mi voz con olor a criatura viva, dejándose llevar por un sentimiento voluptuoso.

Cuando nos hallábamos desnudos los dos y yo pretendía posarme feroz sobre su cuerpo, sentimos como la puerta se abrió violenta ante mi espalda. Vocifere en forma de espanto: -¡¡¡ Manda pinga!!!- De inmediato di un salto de atleta hacía el lugar que no debía, quedando ante todas las mujeres, que prestas a saber lo que sucedía, me hallaron totalmente desnudo, sin darme tiempo ni a subirme los pantalones.

MauricioLeandro

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