El Horario

El sonido del despertador estuvo disfrazado por un instante con los objetos oníricos, pero su agudo Rin Rin, fue más poderoso que el profundo sueño en que me hallaba.  Luego de mi búsqueda a ciegas, por encontrar el botón que pusiera fin al ruido del reloj,  tuve un instante de combate con las frazadas, que aún eran mi escudo contra esa gélida mañana. Fue difícil abrir los ojos y más aún, zafar de mi cuerpo las sábanas y colchas me cobijaban. Pero al fin logré estar de pie, maldiciendo y blasfemando al “Olimpo”, que ha acordado acabar con mi vida, poniéndome un horario imposible de cumplir.

Existen cinco días “laborales”, de ellos, cuatro exigen a mi humanidad, levantarme a las 6:30am, para poder llegar a tiempo a las clases que empiezan a las 8:30am. De este esfuerzo, casi diario, nace mi quejar y mis preguntas a la nada: ¿Será posible que alguien pueda entenderme?, ¿Saben mi pasado para castigarme así? No, no creo que me entienda nadie, ni tampoco que alguien pueda tener piedad por quien no conoce. Si supieran, quizás comprenderían mi situación, pero para ahorrarse la indagación, es más fácil llenarme de epítetos: flojo, vago, holgazán, perezoso.

Es obvio, que nadie puede estar en el pellejo del Otro y menos situarse tiempo-espacialmente donde anduvo Ese, por eso es difícil comprender o tener piedad.  La guerra es así, hay que aprovechar la trinchera y la posición, y el tiro de gracia lo da, quien tiene al prisionero. Pero: ¿no existe misericordia en la conciencia del “Tercer Piso”?  Ellos no saben nada de mi pasado, para imponerme así, arbitrariamente el horario.

Yo nací en La Habana, sitio caliente de la tierra, que siente el ardor del sol las veinticuatro horas. El día bello “ha sido amigo de los cantos del placer o del momento en que viene el atardecer a oscurecerle sus quimeras” y la noche, en donde duerme mi capital. En la madrugada mucha gente no se tapa o duerme con el ventilador puesto fijamente para así alejar a los mosquitos y la humedad. Por esto es evidente, que uno, a las 6:00am se levante con la dicha de que el Astro Rey ya alumbre por completo las calles y los parques. Así, con aires de felicidad uno emprende el día a día y hace más productivo el país. La maquinaria que mueve como engranaje a la nación, lo hace con la sonrisa de la gente, que ya muy temprano se desayuna buenos y aromáticos cafés y habanos.

En Chile y, precisamente Santiago, lugar donde hoy resido, es un sitio de extremos.

Así como en verano es insoportable la vida, porque la ciudad se transforma en una parrilla introducida dentro de un horno gigante en nuestro sistema solar, en invierno pasa todo lo contrario. La gelidez no permite más que hacernos buscar como mendigos, una gota de calor y fuego. Además, se vuelve imposible cualquier actividad fuera de la casa o la cama. La idea de fregar los platos luego del almuerzo, es un pensamiento que me quita hasta las ganas de comer.

Chile es precioso, esas cordilleras bellas, que como mujeres acostadas en el horizonte sirven de brújula a todos, son algo sublime. Lleno de cerros, uno se siente como en un valle de escaleras prominentes, donde cada escalón acerca más a Dios y no el Dios de los hombres, sino el Dios magnifico de lo imposible. Es increíble este lugar, pero lo enturbia la incomprensión de aquellos burócratas asesinos que no miran a los ojos, sino a los números. Ninguno de ellos conoce mi vehemencia, ni ha tocado mi mano y ni siquiera de soslayo ha visto mi silueta. Sólo los he visto en la oficina, mecanografiando mi futuro y presente; insertados en los papeles, sin soltar una lágrima verde por lo menos. Por eso no sé si son esclavos de la necesidad o sienten un Eros en el teclado y su lúgubre oficina.

A veces me lleno de dudas y articulo respuestas al azar, o hago propuestas a la nada.

¿El mundo sería igual de productivo si cambiara mi horario? Yo creo que sí, claro que sí. El cobre seguirá siendo extraído por aquellos que ya saben extraerlo y están acostumbrados a cualquier clima de extracción, puesto que fueron extraídos, de los vientres maternos, en la tierra donde se han acostumbrado a extraer el mineral.  Mineros y obreros, profesores y médicos, en este país todos saben jugar con el clima, levantarse temprano e irse a trabajo. Yo no sé.

MauricioLeandro

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Un pensamiento en “El Horario”

  1. Cuanto te entiendo…
    Imaginate que cuando llegue aqui estaba acostumbrada al clima de Santiago y me toco conocer la nieve y unos inviernos infinitos. Y despues de todo este tiempo pasado aqui aun no entiendo el clima : se pone a llover sin razon, diez minutos despues sale el sol y al ratito de nuevo esta lloviendo. Por lo menos en Chile llovia una vez por todas en el invierno y ya esta. Aqui hay que salir siempre con paraguas, que lata… Y cuando no llueve es aun peor porque reina un calor insoportable que hace morir de sed a todos los viejitos.
    Ademas durante el invierno encuentro deprimente tener que levantarse sabiendo que el sol va ha seguir durmiendo como dos horas mas…y se ira a acostar tempraniiito, cuando todos estan aun trabajando o estudiando…
    Un consejo : si vienes a conocer el supuesto “pais de los derechos humanos”, haslo cortito y en primavera (tiempo mas o menos agradable y pocos turistas). Tal vez te agrade el paseo. Vivir aqui es otro cuento.

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