Motivos para no enloquecer

Es difícil cambiar la historia, pero se puede.

Es difícil cambiar, cuando la necedad aún carcome en la juventud que no quieren leer o reescribir la historia. Es fácil, eso sí, llenarse la boca de discursos progresistas y de lástima por el prójimo, cuando el discurso es emitido desde las faldas del imperio democrático construido por el reino que aún provee de alimentos a sus sicarios. No cuesta mucho hablar de pluralismo cuando la “sociedad pluralista” que vivimos, tiene sus cimientos en un solo pensamiento, cuando aún no cambian las reglas del juego, ni la constitución.

Es fácil dar consejos, asistir a misa y ser perdonado. Es más fácil aún, prorrumpir el alegato de la autoconmiseración, de: “no  digo esto o aquello, ya seré juzgado por los herejes que se han tomado el poder monárquico” y es que el peón del veneno, siempre temerá la horca y la cólera de la Revolución. Pero ¿por qué teme el sicario?, ¿no vivimos pues todos en su reino, un reino democrático, construido por sus ideólogos y articulado por sus reglas?

El libro que narra la Historia de Chile aún sigue húmedo. La sangre no ha coagulado por completo. Quizás la idea de esto, sea lo siembra temor en los que defienden la soberbia de la antigua corona, como heraldos dejados en sustitución. Quizás eso sea, lo que provoque hacer declaraciones de repudio, pero no atreverse a decir las cosas cara a cara. Nos acusan de herejía, de falta de tolerancia y pluralismo. Pero es muy complicado no tener rabia, cuando el humo de la pólvora aún se siente en el ambiente, con la sangre derramada en el suelo de la Patria y con un joven que carga el traje del asesino diciendo: “ya pasó, hoy somos otros”.

Los motivos para no enloquecer, es que la historia aún puede ser cambiada, con la fórmula que nos planteara el uruguayo Galeano, quien escribió alguna vez: “La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será.”[1] Y es que si podemos representar esa imagen, vamos a andar.

MauricioLeandro

 


[1] “Las venas abiertas de América Latina” Eduardo Galeano. Editorial Pehuén. 2006. p. 22

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