Víctor en el Corazón

Foto: Ignacio Muratore

Por: Mauricio Leandro

En el marco del festival Víctor Jara y en este número especial de la revista La Base dedicado a Víctor, pensamos que no podía dejar de dar su testimonio alguien que compartió parte de la vida de nuestro querido compañero. Entonces partimos con nuestros equipos, el fotógrafo importado directamente desde Argentina Ignacio y yo, a la Fundación Víctor Jara en donde ya habíamos acordado una cita con Joan Jara, quien fuera el gran amor de Víctor.

Joan nos llevó a una de las oficinas de la Fundación, nos hizo pasar, con ese acento aún ligado entre español e inglés, y al calor de unos matecitos nos contestó las siguientes preguntas:

Al hablarnos de Víctor, ¿De quién nos hablas?

A Víctor lo tengo asociado con el amor. Una persona que me cambió la vida, la manera de mirar el mundo. Con él conocí otro Chile, el Chile de los pobres, también ese inmenso amor a la vida, a los hijos y además, ese amor a la vida que contemplaba A todos los otros; ese trabajar para construir una sociedad mejor y que en esos años se daba con fuerza, desde los sesenta, y todo muy inspirado en lo que había pasado en Cuba.

Todos esos años los viví intensamente con Víctor y aprendí a tener un compromiso social. Con él aprendí a gozar con la vida.

¿Qué era el arte entre ustedes?

En esos años y siguiendo a Neruda, Violeta, no era solo Víctor; Víctor era parte de un tremendo movimiento del arte comprometido. Víctor se autodenominaba como un trabajador de la cultura, del arte y le daba una importancia a este como una poderosa herramienta comunicativa, de emociones, de contar situaciones y esto es parte de la historia de la cultura popular de Chile, no de las clases altas, pero sí la historia del pueblo que desde Recabarren usaba el teatro como una forma colectiva de comunicación.

Él hablaba del arma que era la guitarra, de este instrumento comunicativo y como los enemigos encontraban muchas veces en esta música un peligro justamente por su poder en las masas.

Víctor a pesar de ser un exitoso director de teatro con ya varios premios, tomó su guitarra a fines de los años sesenta y empezó a recorrer el país cantando sus canciones. Estas canciones que Víctor iba cantando, hablaban de la historia de su vida, de la gente que conoció y en ellas narraba miles de experiencias que lo marcaron y que marcaron la historia de Chile. En la primera época eran canciones un tanto más autobiográficas, hablando de la pobreza de su niñez y su juventud, pero con el objetivo de mostrar la vida de muchos chilenos y como eran los años esos en Chile, las canciones llegaban a sonar con un sabor más épico. En el tiempo de la Unidad Popular, llamó al trabajo, a la construcción de ese nuevo Chile, por eso es que digo que sus canciones salían de su vida, su compromiso y su lucha.

Él decía que era un hombre muy feliz de vivir esa época, porque al entregar el corazón, la razón y el trabajo al servicio del pueblo se llenaba de una gran satisfacción.

Yo fui bailarina y coreógrafa, pero a mí me gustaba, a pesar de mis estudios universitarios y todo eso, el trabajo que hacia en un grupo compuesto por bailarines profesionales y aficionados con los que nos íbamos a las  poblaciones a bailar de una manera que en ese tiempo no se bailaba, sin maya, sin tutú, vestidos como la gente común; a eso le llamábamos ballet popular que para Chile era algo nuevo. También teníamos un gran compromiso con el gobierno de la UP, con el cual en conjunto hicimos que la universidad fuera más accesible para aquellos jóvenes de familias que no podían pagar los estudios y que querían bailar. Fue asimismo que creamos escuelas satélites en barrios populares, eso fue parte del trabajo que yo hacía, pero muchas veces contamos con la presencia de Víctor, quien conversaba con la gente y cantaba, cosa que habría más el público.

¿Cómo repercutía en su vida familiar el compromiso social de Víctor?

En los años sesenta uno podría mirar para atrás y ver una familia relativamente normal; a Víctor le encantaba ser el hombre de familia, para él era un lujo tener una casa, nos sentíamos con mucha alegría. Víctor era un padre bastante moderno, pues en esa época los hombres no cambiaban los pañales, ni cocinaban, pero Víctor sí. Éramos una familia feliz.

En el tiempo de la UP, los momentos que podíamos estar juntos, eran muy valiosos porque eran pocos, pero siempre pensamos: bueno, después tendremos tiempo, pero mientras tanto hay que trabajar todo lo que podamos. Cuando Víctor llegaba a la casa había una inmensa alegría, lo que nunca imaginamos es que eso iba a terminar.

¿Hubo algún proyecto inconcluso o algo que Víctor quiso ver o hacer pero que su muerte truncó? ¿Es objetivo de la fundación realizar esto?

A Víctor no lo podemos remplazar, eso es evidente. Yo escribí un libro que titulé “Un Canto Inconcluso”, porque justamente Víctor tenía mucho canto que fue truncado. Tenía muchos proyectos en su mente, en el momento de su muerte. Incluso el poema que escribió en el estadio es inconcluso, eso es quizás lo más obvio.

Tenía la idea de hacer una obra de mayor envergadura sobre la lucha de los campesinos, los pehuenches en la región del Bio-Bio. Él hizo allá anotaciones y bueno, todo eso no se pudo hacer.

También y continuando los actos masivos que dirigió junto a Patricio Bunster, cuales eran gigantescas obras que contaban, por ejemplo, la historia de las Juventudes Comunistas, del Partido Comunista. Se hizo también el recibimiento a Neruda cuando ganó el premio Nóbel de literatura. Lo más interesante fue que venían de todo el país, los mismos obreros, los protagonistas de la historia, de la lucha, a interpretar sus propios personajes. Como cuando el Partido Comunista fue clandestino, se juntaban en supuestos clubes deportivos a hacer las reuniones y a planificar las cosas que harían. Toda esta historia contada por lo protagonistas en el Estadio Nacional, frente a miles de personas. La idea de Víctor era hacer esto por todo el país, ir al sur y que los mapuches contaran su historia, ir al norte y que los obreros contaran su historia también, pero esto solo quedó en su corazón y su mente, pues nunca lo puedo realizar.

¿Qué haría Víctor en el Chile de hoy?

Esta es una pregunta que me hacen a menudo y yo siempre contestó que sé que él tendría ese mismo espíritu que tuvo toda su vida. Ahora, lo que sí, estaría haciendo canciones sobre los grandes temas que son necesarios hoy día; pero Víctor era un hombre muy multifacético y en el último tiempo estuvo tanteando dirigir programas de televisión y me tinca que se hubiera ido al cine como un gran medio de comunicación masivo. Como digo, Víctor era un hombre múltiple, muy sensible, absorbía el mundo y lo volvía a entregar, creo que estaría buscando ese espacio donde pudiera dar al pueblo de Chile un mensaje conciente.

Para Joan ¿Dónde está Víctor hoy?

En mi corazón.

Víctor está en todas partes. Hay un fenómeno con Víctor, porque con su obra, con el ejemplo de su vida y la tragedia de su muerte, Víctor combina mucho en lo que es su imagen. Es un factor de unidad hablando de los jóvenes y no sólo en ellos, sino los artistas en general. Víctor atrae y une, para hacer cosas positivas.

Después del golpe aquí, Víctor salió de Chile y en el mundo se convirtió en la figura que llegó a representar las víctimas y llevaba con él todo su bagaje de canciones, para el Che, el hombre que tejía en el campo, Angelita Huenumán. En ese tiempo se me acercaba mucha gente, y estoy hablando de personas de Japón, Corea, Alemania, Finlandia, Australia, de Estados Unidos inclusive, y todos me pedían que les hablará de la situación en Chile, pero en la historia de Víctor ellos ya reflejaban todo lo que sucedía y nacía mayor interés por hacer algo.

Víctor siempre fue un gallo humilde, pero para el mundo él era ese Chile que los grandes medios no mostraban y es por esto que la figura de Víctor tomaba mucho más fuerza. En Chile, por la manera de su muerte, también por sus canciones, fue censurado.

Recuerdo que la primera vez que yo volví después del golpe, en el año 1981 como turista, cuando iba al banco, a la lotería, en la calle, las personas que me reconocía me apretaban fuerte la mano y no decía nada. Víctor era un símbolo clandestino.

En ese tiempo me llevaron a un barrio en el sur, en Talcahuano. Era un lugar bien pobre y me invitaron a una celebración de lo que se suponía era un club deportivo, pero en realidad era una peña que estaba rebalsada de gente donde los jóvenes, uno por uno, iban cantando las canciones de Víctor y conocían todas las canciones de Víctor. Era muy extraño eso, ya que Víctor no estaba en las radios, ni habían discos, pero las canciones se iban pasando de oído a oído y se veía como resistía su música a pesar de la dictadura, la represión y todo. Era una cosa impresionante. También en la calle se podía ver mucha gente bailando con los instrumentales de Víctor y como los pacos y los milicos eran tan ignorantes no notaban porque esa música atraía a tanta gente.

La fundación ha hecho el trabajo de hacer que Víctor no muera y siga presente en el pueblo, en la gente; pero a veces tengo temor cuando miro la figura de Neruda y otros personajes que han sido mal manejados y hoy los manipula la derecha, pero nadie recuerda ese fuerte compromiso social y político que tuvieron. A mí casi me da una cosa cuando fui a la embajada de Chile en Londres, cuando, en el tiempo de Pinochet,  encontré un folleto con Pablo Neruda, como si Pablo le perteneciera a la dictadura.

A fines de los ochenta las Juventudes Comunistas empezaron a organizar los festivales Víctor Jara y esto despertó en mucha juventud, más aún la figura de Víctor. Muchos de estos festivales se hacían en poblaciones y eran luego reprimidos, pero poco a poco se fue haciendo más y más popular y masivo, hasta llegar ha realizarse en casi todo Chile. Hoy Víctor también está ahí, en aquellos jóvenes creadores, en los que participan y llevan la cultura a más espacios.

Un saludo a la revista.

Bueno, un saludo a ti y a la revista y solo quiero decirles una cosa a todos quienes lean esto: sigan soñando y más que todo creando, sigan cultivando sus mentes y busquen más expresiones artísticas, pero eso, tienen el deber como jóvenes de crear.

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